El Viernes Santo en Algemesí tendrá este año un momento distinto, casi detenido en el tiempo. La parroquia de Sant Jaume Apòstol se sumergirá en la oscuridad para recuperar el antiguo Oficio de Tinieblas, una liturgia marcada por el silencio, la simbología y una puesta en escena poco habitual en la actualidad.
El templo se transformará en un espacio de penumbra donde la luz irá desapareciendo de forma progresiva. En el centro de la celebración estará el tenebrario, un candelabro triangular con quince cirios que guiarán el desarrollo del rito. A medida que avanzan los salmos y las lecturas, las velas se irán apagando una a una.
Este gesto, repetido durante siglos en distintas comunidades cristianas, simboliza el abandono y la oscuridad que rodean los momentos finales de la Pasión. La escena se desarrolla en silencio, sin prisas, mientras el interior de la iglesia va quedando cada vez más en sombras.
Al final del proceso, solo permanece encendida una vela blanca en la parte superior del candelabro. Es el único punto de luz en el templo completamente a oscuras, generando una imagen que concentra toda la atención de los presentes.
El instante más intenso llega cuando esa última luz desaparece de la vista. El templo queda entonces completamente en tinieblas, sin referencias visuales, en un silencio que se rompe de forma brusca con un estruendo colectivo.
Los asistentes participan golpeando bancos y suelo, creando un sonido seco y contundente que recorre todo el espacio. Este momento, conocido como “strepitus”, representa el terremoto y los fenómenos descritos en la tradición bíblica tras la muerte de Cristo.
Después del ruido, la calma regresa de golpe. La vela vuelve a aparecer como único punto de luz antes de retirarse, cerrando una secuencia que combina oscuridad, sonido y simbolismo en pocos minutos.
El Oficio de Tinieblas fue durante siglos una de las celebraciones más características de la Semana Santa, especialmente desde el siglo XVI, aunque su origen es anterior. Con los cambios litúrgicos del siglo XX, dejó de celebrarse de forma habitual, quedando relegado a contextos muy concretos.
En Algemesí, su recuperación devuelve al calendario local una tradición que conecta con otras expresiones culturales del municipio, muchas de ellas vinculadas a la simbología de la Pasión y a la figura de la Virgen. Este tipo de celebraciones forman parte de la identidad de la localidad, más allá del ámbito estrictamente religioso.
La ceremonia se celebrará en un horario que permita la asistencia de vecinos y visitantes sin interferir en otros actos del Viernes Santo. En un día marcado por las procesiones, este rito propone una experiencia distinta: más íntima, más silenciosa y centrada en la fuerza de los símbolos.
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