La historia de la Semana Santa de Alzira está escrita con fe, pero también con momentos de tensión que han quedado grabados en la memoria colectiva. Uno de los sucesos más impactantes ocurrió en 1953, cuando el majestuoso paso de la Santa Cena protagonizó un accidente que estuvo a punto de cambiar para siempre la crónica de nuestras procesiones. Aquella noche, el peso del metal y la madera desafió a la gravedad en las calles más estrechas de la Vila.
El paso de la Santa Cena de Alzira es, por definición, un gigante de nuestras calles que exige una logística de transporte excepcional debido a su tonelaje. En la década de los 50, la tecnología de los chasis motorizados y las estructuras de ruedas aún no contaba con los estándares de seguridad actuales, lo que convertía cada salida en un reto de ingeniería. Durante la procesión de 1953, la estructura no aguantó el esfuerzo y un eje principal se fracturó de forma repentina en pleno desfile.
El incidente se produjo en un tramo de especial dificultad, donde la proximidad de los balcones dejaba un margen de maniobra inexistente para la hermandad. Al ceder el soporte, el paso comenzó a vencerse lateralmente, provocando el pánico entre los cofrades y los vecinos que abarrotaban las aceras. La posibilidad de que las trece imágenes de tamaño natural se desplomaran contra el suelo o sobre la multitud obligó a una intervención desesperada de los encargados de empujar el trono.
La pericia de los miembros de la hermandad y la ayuda espontánea de los asistentes evitaron que el accidente terminara en una tragedia de dimensiones históricas para el patrimonio de Alzira. Fue necesario apuntalar la pesada mesa de los apóstoles con maderos y gatos mecánicos improvisados para estabilizar el conjunto en medio de una tensión insoportable. Este rescate “in extremis” permitió salvar las tallas, aunque el paso tuvo que ser retirado de forma accidentada sin completar su recorrido habitual.
Las consecuencias de aquel percance de 1953 no tardaron en llegar a los despachos de la Junta de Hermandades y Cofradías. A partir de ese año, se impusieron revisiones técnicas obligatorias mucho más estrictas para todos los pasos que utilizaran sistemas de ruedas o motorización. Aquel “casi desplome” sirvió para profesionalizar el mantenimiento de las estructuras, garantizando que el enorme peso de la Santa Cena nunca volviera a ser una amenaza para los devotos alzireños.
Hoy en día, el recuerdo de aquel accidente se ha convertido en una lección de humildad y respeto hacia el esfuerzo que supone poner una procesión en la calle. Cada vez que el paso de la Santa Cena atraviesa el centro de Alzira, los más veteranos rememoran aquella noche en la que el eje se partió y la fe de un pueblo sostuvo el trono. La historia de 1953 es, en definitiva, el relato de cómo Alzira aprendió a proteger su Semana Santa desde los cimientos de sus propios pasos.
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