Inicio Actualidad ¿Puede un hombre ser fallero mayor en Alzira? Esto dice la normativa

¿Puede un hombre ser fallero mayor en Alzira? Esto dice la normativa

El reglamento aprobado en el último congreso fallero de Alzira elimina referencias explícitas al género y permite optar al cargo sin distinción

El debate sobre la posibilidad de que un hombre ostente el cargo de fallero mayor ha vuelto a escena tras la contundente negativa del IX Congreso Fallero de València. La propuesta, que habría supuesto un cambio significativo en la tradición festiva del ‘cap i casal’, fue rechazada con una clara mayoría: 114 votos en contra, frente a apenas 15 a favor y cuatro abstenciones. Sin embargo, a apenas 40 kilómetros, en Alzira, el escenario es bien distinto.

Reglamento sin género en Alzira

El reglamento aprobado en el VIII Congreso Fallero de Alzira —y en vigor desde el pasado 20 de marzo— suprime expresamente cualquier criterio de género en la elección de sus representantes. De este modo, se abre oficialmente la puerta a que un hombre pueda ser elegido como máximo representante festivo, una figura hasta ahora reservada a la fallera mayor.

La presidenta de la Junta Local Fallera de Alzira, Paqui Vallés, reconoce que, aunque la normativa lo permite, “todavía no se ha dado el caso”. Aun así, defiende que el texto no puede ni debe contradecir principios fundamentales como los recogidos en la Constitución Española, que garantiza la igualdad de todos los ciudadanos. “No se puede discriminar a nadie”, recalca Vallés, insistiendo en que la cuestión se resolverá cuando efectivamente algún varón se postule para el cargo.

Un enfoque más flexible

Durante la redacción del nuevo reglamento, uno de los puntos clave fue eliminar cualquier tipo de imposición en cuanto a género. La norma habla de “fallera mayor”, pero no especifica el sexo de la persona que puede desempeñar ese rol, lo que deja margen interpretativo. El texto también ha creado una comisión encargada de velar por la aplicación e interpretación del articulado, lo que refuerza la idea de que cada caso podrá valorarse individualmente.

Àlex Moya, vicepresidente de la JLF durante la redacción del reglamento y presidente de la mesa del congreso en Alzira, fue uno de los que apoyó abiertamente esta apertura. “Aunque no se abordó directamente en el congreso, se dejó claro que el reglamento permite esa posibilidad”, indicó. A su juicio, no será necesariamente la Junta Local quien dé ese primer paso, pero sí podría ocurrir en alguna comisión fallera individual.

Más allá del género

Este cambio no afecta solo a la elección del representante. El nuevo reglamento también contempla una revisión completa del uso de la indumentaria tradicional. Por primera vez, se suprime la obligatoriedad de vestir un determinado tipo de traje en función del género. La norma sigue clasificando los trajes como “masculino” o “femenino”, pero permite que cualquier persona elija el que desee portar, siempre dentro del decoro y el respeto que marca el carácter solemne de la fiesta.

Este avance supone una ruptura simbólica con los modelos rígidos del pasado. Para muchas comisiones, se trata de un paso más en la búsqueda de una fiesta inclusiva, adaptada a los tiempos actuales. La flexibilidad del reglamento de Alzira contrasta con la rigidez que sigue predominando en València, donde propuestas como la defendida por José Martínez Tormo, que abogaban por dar libertad plena a las comisiones para elegir a su representante sin restricciones de género, no encontraron respaldo.

Un debate aún abierto

El caso de Alzira podría servir como precedente o, al menos, como reflejo de una corriente en expansión dentro del mundo fallero. Aunque de momento ningún hombre ha optado formalmente a ser fallero mayor, el reglamento ya no supone un impedimento legal para ello. Queda por ver si, con el paso del tiempo, esta apertura se consolidará en la práctica y si otros municipios seguirán el mismo camino.

Lo cierto es que, mientras en València la tradición se impone al cambio, Alzira plantea una visión más abierta, centrada en el derecho a la igualdad y en la posibilidad de adaptar las fiestas a una realidad social más diversa y plural.


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