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El legado perdido de unos edificios que marcaron Alzira

El cronista Alfonso Rovira rescata la historia de tres edificios ya desaparecidos en l’Alquerieta, donde se vivieron momentos clave para la industria, la agricultura y la acción social de Alzira durante el siglo XX

El barrio de l’Alquerieta, en Alzira, fue durante el siglo XX escenario de importantes capítulos de la vida social, agrícola y educativa de la ciudad. Tres edificios clave —hoy desaparecidos— albergaron desde una industria de la seda hasta centros de apoyo a agricultores y espacios dedicados a la infancia más vulnerable. Actualmente, solo queda un solar cercano al edificio de Protección Civil. Gracias al testimonio del cronista Alfonso Rovira, esta parte esencial de la memoria alcireña vuelve a cobrar vida.

De la seda al campo

En los años finales del primer tercio del siglo XX, Alzira contaba con una destacada actividad relacionada con la sericicultura. En el solar donde hoy no queda rastro alguno, se encontraba la industria dedicada al gusano de seda, apoyada por la Comisaría de la Seda, un organismo estatal que, por Real Decreto del 14 de diciembre de 1926, promovía esta actividad desde las propias escuelas nacionales. Como parte de ese impulso, se animaba a plantar moreras durante la celebración de la Fiesta del Árbol, para facilitar la cría de gusanos de seda en los centros educativos.

Unos años después, en agosto de 1932, aquellos edificios se transformaron para acoger el Subcentro de la Estación Naranjera de Levante. Desde allí, bajo la supervisión de expertos agrícolas como el alcireño Ernesto Magraner, se ofrecían servicios de análisis de frutos, estudios de acidez, contenido de azúcar y observaciones en campo, beneficiando a los agricultores de toda la comarca. La importancia de la naranja en Alzira era tal que incluso se celebraban actos institucionales como el “Día de la Naranja”, en el que se promovía el prestigio del producto local tanto a nivel nacional como internacional.

Esta infraestructura desapareció en los años cuarenta, cuando el centro principal se trasladó a Burjassot. Sin embargo, su legado como espacio de innovación agrícola perdura en la memoria de la ciudad.

Un refugio para la infancia

Tras el cierre de la estación naranjera, los edificios pasaron a tener un uso muy distinto, pero igualmente valioso: se convirtieron en el Hogar Eucaristía, una iniciativa impulsada por mujeres comprometidas con la educación y el bienestar de los niños más desfavorecidos del barrio. Lideradas por doña Matilde Gimeno Castillo y con la colaboración de vecinas como Zoe Dolz, ofrecían enseñanza básica y algo de alimento en tiempos de escasez. Aquel esfuerzo solidario dio lugar a una obra social que crecería con el tiempo.

Muy cerca, estas mujeres también fundaron lo que se conoció popularmente como la “casa de les malaltetes”, una pequeña vivienda donde residían jóvenes enfermas de tuberculosis, acogidas por estas mujeres ante el rechazo familiar. Esta labor humanitaria marcó una etapa de asistencia poco conocida pero profundamente humana en la historia de Alzira.

Con los años, el espacio se adaptó para acoger al Colegio Preventorio San Enrique, gestionado por hermanas Franciscanas. Este centro educativo ofrecía formación a hijos de pacientes del sanatorio de Fontilles, proporcionando un entorno saludable y educativo lejos de los riesgos de contagio.

Legado de Matilde Gimeno

El impulso educativo no se detuvo ahí. Frente al preventorio, doña Matilde fundó el Colegio Sagrada Familia, que continúa en funcionamiento con una amplia matrícula. Lo que empezó como una labor modesta de asistencia y enseñanza ha perdurado en el tiempo, transformándose en una institución con raíces profundas en l’Alquerieta. La figura de Matilde Gimeno, con su entrega y visión, es recordada con respeto y cariño por generaciones de alcireños.

Hoy, aquellos edificios han desaparecido del paisaje urbano, sustituidos por un descampado que guarda en su historia la memoria de la industria, la agricultura, la solidaridad y la educación. Su recuerdo vive en la identidad colectiva de Alzira, como símbolo de un pasado que aún late entre las calles del barrio.

Óscar M. Saucedo

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