La descatalogación permite su derribo para ampliar el barranco de la Casella, manteniendo solo la chimenea como recuerdo del antiguo conjunto
El Molí de Montagud, una construcción ligada al pasado industrial de Alzira, encara su desaparición tras perder su protección urbanística. El cambio abre la puerta a una intervención que transformará este punto del municipio.
Fin de etapa
La publicación en el Boletín Oficial de la Provincia ha hecho efectiva la descatalogación del edificio, un paso necesario para poder intervenir sobre él. Con esta decisión, el antiguo molino deja de estar protegido y se allana el terreno para su demolición.
El inmueble, que llevaba décadas sin uso, presentaba un estado de deterioro notable. A lo largo de los años había sido modificado y ampliado, perdiendo gran parte de su estructura original hasta el punto de que apenas quedan elementos reconocibles del molino primitivo.
Su historia está vinculada a la actividad arrocera del siglo XIX, aunque con el paso del tiempo fue adaptándose a nuevas formas de producción hasta quedar definitivamente en desuso en la década de los setenta.
Obras en marcha
La desaparición del edificio responde a una necesidad concreta: permitir la ampliación del barranco de la Casella. En su estado actual, el molino genera un estrechamiento del cauce que dificulta las actuaciones previstas en la zona.

La intervención busca mejorar la capacidad del barranco y facilitar futuras obras con mayores garantías, especialmente en un entorno marcado por episodios de lluvias intensas en los últimos años.

Para ello, el Ayuntamiento cederá el espacio a la Confederación Hidrográfica del Júcar, que será la encargada de ejecutar la demolición dentro del proyecto global.

Un vestigio
Aunque el conjunto desaparecerá, se ha planteado conservar uno de sus elementos más característicos: la chimenea de ladrillo que sobresale de la estructura. Este elemento industrial, vinculado a la etapa en la que el molino funcionaba con vapor, es uno de los pocos restos visibles de su pasado.
La chimenea, de base cuadrada y forma octogonal en su desarrollo, atraviesa la edificación y se mantiene como testigo de la evolución que vivió el edificio a lo largo de su historia.
Su conservación permitirá mantener un pequeño vínculo con el pasado de este enclave, incluso cuando el resto del conjunto haya desaparecido para dar paso a un nuevo escenario en el barranco.
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