Imagen de archivo.
Alzira sigue creciendo y se acerca a los 50.000 habitantes, pero no todos los vecinos ven ese crecimiento reflejado en sus calles. Las persianas bajadas, los locales que llevan tiempo sin actividad y las dificultades para mantener abierto un pequeño negocio alimentan un malestar que empieza a ir más allá de los propios comerciantes. La plataforma Alzirenys Per Alzira cuestiona el rumbo de la ciudad y advierte del riesgo de que termine convertida en una ciudad dormitorio.
Pasear por algunas zonas comerciales de Alzira ya no ofrece la misma imagen que recuerdan sus vecinos de hace años. Donde antes había establecimientos abiertos y movimiento de compradores, hoy también se encuentran locales cerrados y escaparates vacíos. No existe una cifra reciente contrastada que permita determinar cuántos negocios han desaparecido, pero la preocupación por el futuro del comercio de proximidad está presente en el debate local.
El contraste con las cifras oficiales llama la atención. Alzira alcanzó los 48.236 habitantes en 2025, tras ganar 901 vecinos en un año. El Ayuntamiento trabaja ya con la perspectiva de superar los 50.000 residentes y dispone para 2026 de un presupuesto de 54,67 millones de euros, un 4,7 % superior al del ejercicio anterior.
Pero crecer en población no garantiza que las tiendas vendan más. Esa es precisamente una de las cuestiones que plantea Alzirenys Per Alzira, que reclama mayor atención a los negocios tradicionales y a quienes llevan años manteniendo la actividad económica en las calles de la ciudad.
Entre las principales quejas aparecen los alquileres de los locales, el coste de la electricidad y los gastos que deben afrontar los autónomos. Para un pequeño comerciante, abrir cada mañana supone asumir unos costes fijos que no desaparecen cuando las ventas flojean.
La plataforma considera insuficiente la respuesta municipal y cuestiona que las campañas puntuales puedan resolver los problemas de fondo. También entre los vecinos circula una expresión bastante dura sobre la dificultad de sacar adelante un negocio en Alzira: la idea de que algunos establecimientos apenas consiguen mantenerse abiertos unos meses.
El Ayuntamiento, por su parte, mantiene distintas iniciativas de apoyo. La campaña de verano de Bons de Comerç de 2026 puso en circulación 750 bonos de 100 euros, de los que cada comprador aportaba 60 y el consistorio los 40 restantes. Las citas para adquirirlos se agotaron en tres días, según informó el propio Ayuntamiento.
También existe el programa Alzira 12 meses, 12 comercios, destinado a promocionar establecimientos de la localidad. Son actuaciones con una acogida acreditada en el caso de los bonos, aunque su existencia no elimina las dificultades que denuncian los pequeños empresarios ni permite conocer, por sí sola, la evolución real del número de tiendas abiertas.
El debate comercial también ha llegado al urbanismo. Las peatonalizaciones, la pérdida de plazas de aparcamiento que denuncian algunos residentes y las dificultades para realizar determinadas operaciones de carga y descarga aparecen entre las críticas a las reformas de la ciudad.
Hay vecinos que consideran que las restricciones al vehículo privado complican las compras y empujan a desplazarse a otros municipios. Otros problemas señalados son los elementos de mobiliario urbano que, según estas quejas, dificultan algunas maniobras de reparto. Se trata de reclamaciones que convendría estudiar calle por calle, porque no todas las zonas comerciales tienen las mismas necesidades.
La comparación con Xàtiva también aparece en las conversaciones sobre el comercio. Algunos alzireños consideran que la localidad vecina ofrece una experiencia de compra más atractiva. No hay datos suficientes para afirmar que exista una salida masiva de consumidores hacia allí, pero la comparación refleja el descontento de una parte de la población.
Alzira mira hacia los 50.000 habitantes. El propio gobierno municipal ha situado esa cifra entre las referencias de su planificación presupuestaria, con inversiones y proyectos relacionados con el crecimiento de la ciudad. Pero una cosa es aumentar el padrón y otra conseguir que ese crecimiento beneficie también a los establecimientos de toda la vida.
Desde Alzirenys Per Alzira se teme que la localidad termine funcionando cada vez más como un lugar donde residir, mientras las compras y buena parte de la actividad cotidiana se trasladan fuera. Es una preocupación expresada por la plataforma, no una situación que pueda darse por demostrada con las cifras disponibles.
El problema que plantean los vecinos va más allá de una campaña de descuentos o de una calle recién reformada. Hablan de poder aparcar, acceder a las tiendas, mantener los negocios abiertos y encontrar motivos para comprar en Alzira en lugar de desplazarse a otra población.
La ciudad gana habitantes, pero una parte de sus vecinos teme estar perdiendo comercio y vida de calle. Esa es la contradicción que tiene ahora sobre la mesa. Porque llegar a los 50.000 residentes será un dato importante para Alzira, aunque el verdadero examen estará también en lo que ocurra a pie de calle, detrás de los escaparates y de las persianas que todavía se levantan cada mañana.
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