El análisis destaca que seis de los diez destinos elegidos, el 60%, están vinculados a la fachada atlántica europea.
Forbes España ha elaborado una lista con los diez grandes destinos considerados refugios climáticos naturales de Europa, enclaves que mantienen temperaturas estivales más suaves gracias a la combinación de océano, montaña, vegetación abundante y humedad ambiental.
La publicación sitúa en esta selección, por orden alfabético, a Azores, en Portugal; Bretaña, en Francia; Cap Corse, en Córcega; Dartmoor y Exmoor, en Reino Unido; La Rhune, en el País Vasco francés; Madeira, en Portugal; Monte Baldo, junto al lago de Garda, en Italia; Picos de Europa, en España; Selva Negra, en Alemania, y Sintra, en Portugal.
La lista de Forbes ‘Los diez refugios climáticos de Europa: el nuevo lujo del siglo XXI’, analiza cómo el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia e intensidad de las olas de calor están empezando a modificar las preferencias turísticas y residenciales en el continente. Forbes sostiene que la capacidad de ofrecer un verano confortable comienza a incorporarse como una nueva variable en el atractivo de determinados territorios.
El análisis destaca que seis de los diez destinos elegidos, el 60%, están vinculados a la fachada atlántica europea. Se trata de Azores, Madeira, Sintra, Bretaña, La Rhune y los parques nacionales de Dartmoor y Exmoor. Según la publicación, la influencia del Atlántico continúa funcionando como uno de los grandes reguladores térmicos de Europa.
Por países, Portugal y Francia concentran cada uno tres destinos, equivalentes al 30% de la selección. Portugal está representado por Azores, Madeira y Sintra, mientras que Francia figura con Bretaña, Cap Corse y La Rhune. España, Italia, Alemania y Reino Unido aportan un enclave cada uno.
Forbes subraya que estos territorios no son inmunes al cambio climático, pero cuentan con ventajas naturales que permiten amortiguar los extremos térmicos. La proximidad al océano o a grandes lagos, la altitud, la presencia de masas forestales y la circulación de vientos y nieblas contribuyen a mantener temperaturas inferiores a las de las grandes ciudades durante los meses de verano.
La revista apunta además que estas condiciones pueden aumentar el interés turístico e inmobiliario de los destinos seleccionados. Compradores internacionales, familias que buscan una segunda residencia, jubilados europeos y profesionales con capacidad para teletrabajar empiezan a valorar factores como las noches frescas, la calidad del aire, el acceso a la naturaleza y la posibilidad de reducir el uso permanente del aire acondicionado.
El reportaje concluye que el confort climático podría convertirse durante las próximas décadas en un atributo diferencial de determinados mercados residenciales, junto a elementos tradicionales como la ubicación, la conectividad, la oferta de servicios o la regulación urbanística. En un continente cada vez más expuesto al calor extremo, Forbes plantea que el nuevo lujo puede consistir en algo tan sencillo como poder abrir la ventana durante el verano.
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