Imagen del IES Rei en Jaume de Alzira.
Los pasillos del instituto Rei en Jaume de Alzira guardan demasiadas historias de esperas y promesas incumplidas. Lo que debía ser la gran noticia de la década para cientos de familias se ha transformado en un nuevo capítulo de frustración tras el abandono definitivo de las obras por parte de la constructora. El silencio de las grúas se convierte ahora en una realidad oficial que obligará a los alumnos a convivir con las deficiencias del viejo edificio mucho más tiempo del previsto.
La estructura de hormigón que empezaba a asomar en el solar se ha quedado como un esqueleto mudo. Tras meses de actividad que invitaron al optimismo, la empresa encargada de dar forma al centro decidió recoger sus herramientas y marcharse sin previo aviso. Lo que pareció una pausa técnica es ya un portazo definitivo que deja al Ayuntamiento en una posición delicada y con la necesidad de mover ficha de forma urgente para no perder lo avanzado.
Las reuniones para intentar reconducir la situación no han dado frutos. La constructora no ha aceptado las propuestas para retomar el trabajo y el consistorio ha iniciado el expediente para romper el contrato de forma oficial. Esta decisión, aunque necesaria para buscar a otra empresa, supone un mazazo para una comunidad educativa que ya se veía estrenando aulas modernas y seguras en este mismo curso escolar.
Echar la vista al calendario produce un nudo en el estómago. Los cálculos más realistas hablan de que el nuevo instituto podría tardar unos tres años más en ser una realidad habitable por culpa de la burocracia. Este tiempo extra responde al proceso de nueva licitación que debe empezar de cero para encontrar a alguien que quiera terminar el trabajo que otros dejaron a medias en el solar.
Para intentar salvar los muebles ante la subida de precios, la estrategia municipal ha cambiado. El plan ahora es dividir el proyecto en dos fases, priorizando levantar el colegio y dejando para el futuro la demolición del antiguo inmueble. Es una fórmula de emergencia para que los números cuadren y la Conselleria dé el visto bueno a una inversión que se ha quedado corta por la inflación actual.
Este miércoles el salón de plenos de Alzira vivirá una jornada intensa. Se espera que la comunidad educativa acuda para reclamar que todos los grupos políticos remen en la misma dirección y agilicen los trámites. No se trata solo de un papeleo administrativo, sino de un acto de presión social para que los plazos se acorten y se exijan responsabilidades legales a la empresa saliente.
La historia del IES Rei en Jaume es la de una carrera de obstáculos que parece no tener fin. Mientras los papeles van de mesa en mesa, los estudiantes seguirán lidiando con goteras y parches en un edificio que ya dio todo lo que tenía que dar. Alzira no se rinde y el objetivo sigue siendo el mismo: que los jóvenes de la ciudad tengan por fin el espacio digno que se les prometió.
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