La Plaça del Regne, en una imagen de archivo.
El mercado inmobiliario de Alzira ha dejado atrás la etiqueta de opción económica dentro de la Ribera Alta. Los últimos datos publicados por el portal Idealista confirman un giro claro: el precio medio de la vivienda ha pasado de 965 euros por metro cuadrado en enero de 2025 a 1.154 euros en enero de 2026. En apenas un año, el incremento roza el 20%, un ritmo que sitúa a la capital comarcal en una nueva etapa de presión sobre compradores y familias.
La subida del 19,6% en solo doce meses no es un ajuste puntual ni una oscilación estacional. Se trata de un crecimiento sostenido que consolida la tendencia alcista iniciada tras la pandemia y que, en el último ejercicio, ha ganado velocidad. El mercado local, tradicionalmente más estable que el de la capital valenciana, se ha visto arrastrado por una demanda creciente que busca alternativas fuera de la ciudad de Valencia.
Si se amplía la mirada a los dos últimos años, el cambio resulta todavía más evidente. En enero de 2024, el metro cuadrado en Alzira se situaba en 866 euros. Desde entonces, el encarecimiento ha sido continuo, aunque es en el último tramo cuando se ha producido el salto más acusado. En apenas dos ejercicios, el valor medio ha aumentado cerca de 300 euros por metro cuadrado, una diferencia que altera por completo los cálculos de quienes pensaban en comprar vivienda en la ciudad.
Esta evolución tiene consecuencias directas sobre la oferta disponible. Las viviendas que hace dos o tres años podían considerarse accesibles han ido desapareciendo del mercado o han ajustado su precio al alza. El resultado es una reducción del margen para quienes buscan su primera residencia y un endurecimiento de las condiciones para cerrar operaciones.
La dinámica de Alzira no puede analizarse de forma aislada. El conjunto de la provincia de Valencia atraviesa un ciclo de incrementos sostenidos, impulsado por la fortaleza de la demanda y por la limitada incorporación de nueva vivienda al mercado. Parte de los compradores que antes concentraban su interés en la capital han comenzado a mirar hacia municipios bien comunicados y con servicios consolidados.
Alzira reúne varios de esos factores: conexión ferroviaria, cercanía a la autovía y una red de equipamientos educativos, sanitarios y comerciales que la convierten en polo de atracción dentro de la Ribera Alta. Ese atractivo, unido a precios históricamente más contenidos que los de Valencia ciudad, ha generado un desplazamiento de la demanda que presiona al alza los valores.
El problema es que el parque inmobiliario no ha crecido al mismo ritmo. La oferta disponible, tanto de obra nueva como de segunda mano, resulta limitada frente al interés creciente. Cuando la demanda supera a la oferta, el mercado ajusta por la vía del precio, y eso es lo que está ocurriendo.
La capital de la Ribera Alta se aproxima ahora a municipios tradicionalmente más caros. En Sueca, marcada por el peso de la segunda residencia y su proximidad al litoral, el precio medio se sitúa en 1.278 euros por metro cuadrado, con una subida anual del 17,9%, ligeramente inferior a la registrada en Alzira. En Algemesí, los valores rondan también los 1.150 euros por metro cuadrado, configurando un eje central de la comarca con niveles similares y en clara expansión.
Esta convergencia de precios dibuja un mapa comarcal distinto al de hace apenas unos años. Las diferencias entre municipios se estrechan y la idea de desplazarse a una localidad próxima para abaratar la compra pierde parte de su sentido. El margen de ahorro se reduce y la competencia entre compradores aumenta.
El mercado ya no distingue con tanta claridad entre ciudades de primera y segunda línea dentro de la Ribera. La tensión se reparte y obliga a replantear estrategias tanto a quienes buscan vivienda como a promotores y propietarios.
La cuestión de fondo no es solo cuánto sube el metro cuadrado, sino quién puede asumir ese incremento. Según la edición 2025 de los Indicadores Urbanos del INE, los ingresos netos medios por habitante en Alzira se sitúan en 13.268 euros anuales. La comparación con la evolución del mercado inmobiliario revela un desequilibrio evidente.
Mientras los salarios crecen a un ritmo moderado, el precio de la vivienda lo hace a doble dígito. El esfuerzo necesario para acceder a una casa o un piso es hoy mayor que hace dos años, especialmente para jóvenes y familias con rentas medias. La entrada inicial exigida por las entidades financieras, sumada al encarecimiento del metro cuadrado, eleva la barrera de acceso.
Con estos datos sobre la mesa, Alzira deja de percibirse como una alternativa de bajo coste dentro de la comarca y pasa a integrarse en el grupo de municipios con mayor tensión inmobiliaria. El mercado sigue en expansión, pero el debate se desplaza hacia la sostenibilidad de este crecimiento y su impacto en el equilibrio social de la ciudad.
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